lunes, 14 de septiembre de 2009

Revelaciones.




¿Será que el tiempo va trayendo las respuestas?. El día viernes 11 volvió ese pensamiento recurrente en mí. Esta vez el tiempo me trajo una respuesta de la manera que menos la esperaba. Estaba soleado, como tanto me gusta, había esperado al sol toda la semana después de tanta lluvia interminable.


Podría pensar que fue algo común, parte del momento, pero no. Aquello sucedió en la línea 21 volviendo para casa. Estaba sentada mirando por la ventanilla, como suelo hacer, cuando una mujer subió al colectivo. El colectivero le preguntó impaciente "¿A dónde va señora?" y la mujer felizmente respondió " A pasear" el conductor se rió. De hecho, cualquier persona arriba de ese transporte hubiera pensado "Esa mujer está loca". Por supuesto que no lo estaba. Porque ¿quién en su felíz vida ( por no decir otra cosa) no quiso escapar, irse lejos, pasear.. Salir un poco de esa realidad entre Cuatro Paredes que vivimos. ¡No se puede soñar entre cuatro paredes!. Lo voy a seguir sosteniendo toda mi vida delante de quien se me cruce. Volviendo al hecho, habiendo tantos lugares desocupados, la abuela se sentó al lado mío y comenzó a hablarme. Supo conmoverme verdaderamente. Lo primero que hizo fue preguntarme "Nena ¿a vos te parece que este mal que salga a pasear?" "No. ¿ Por qué debería de estarlo? Me parece muy bien". Me comentó entonces dentro de la soledad en la que se encontraba. Sus hijos ya eran grandes y no tenían tiempo ni siquiera de "salir a pasear con ella". Su historia se remite al año 1950, cuando su marido la dejó con tres hijos desamparada por una joven hacendada de la época. Desde corrientes comienza su viaje hacia la "Gran Ciudad" hasta llegar a Chacarita. Desciendió del tren - luego de haberse pasado una parada - y comienzó a buscar una pensión para alojarce. Lo terrible del caso es que por ahí no había ninguna. Entonces, continuó caminando - no quedaba otra, algo tenía que encontrar - y fue cuando vió una puerta abierta que llevaba hacia una escalera; subió esa escalera con desición. Allí era el lugar donde trabajaría tantos años hasta casarse con el dueño de una cadena de verdulerías de la zona. "Yo que vivía para el trabajo, para mis hijos, ese hombre se casó conmigo y nos abrió la puerta de su casa". Me preguntó si yo estaba casada, le respondí entre risas que no. Así fue que me dijo algo que no voya olvidar "El casamiento es como una loteria" . Yo lo hubiera relacionado mejor con una "ruleta rusa" como estamos en estos tiempos, pero no quería provocarle ningún tipo de exaltamiento a su corazón jaja.

Finalmente, después de un largo rato de conversación, la pregunté si le hablaba regularmente a la gente durante sus viajes de colectivo matutinos. Y me contestó con un rotundo "no". Me quedé sorprendida, porque realmente parecía como si estuviera acostumbrada a hacerlo. De este modo, la volví a indagar: "¿ Y por qué me habló a mí precisamente?". "Porque tus ojos me inspiran confianza" respondió cálidamente. Creó que el pecho se me hundió. Fue un momento como si el alma se me hubiera salido del cuerpo. Me dio una angustia existencial..Ahí estaba, la razón por la cual la gente se acerca a hablarme - con frecuencia en el colectivo- . La despedí: "cuidesé abuela, la gente mayor es carnada facíl".



Un sol radiante.

1 comentario:



  1. Y los instintos des-atándose tras el espejo de nuestra identidad des-pedida de nuestro ser ignoto...

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